Comerse la basura: Científicos de la NASA transforman botellas de plástico en galletas comestibles 3D
Durante generaciones, madres de todo el planeta han repetido la misma advertencia: «¡El plástico no se come!». Pues bien, la NASA y un equipo de biólogos sintéticos acaban de poner patas arriba esta sabia lección familiar.
Investigadores de la Universidad del Sur de Illinois (SIU) Carbondale han logrado lo que parecía un delirio de ciencia ficción: transformar botellas desechadas de plástico PET y tallos de maíz seco en galletas nutritivas impresas en 3D llamadas «µBites» (pronunciado microbites). Presentado en el congreso de otoño de la American Chemical Society (ACS), este insólito hallazgo soluciona dos problemas de golpe: reduce montañas de residuos plásticos y genera galletas ricas en proteínas para los futuros astronautas con destino a Marte.
🍪 Cómo hornear una botella de refresco: La receta
Cocinar un manjar a partir de basura municipal requiere algo más que un horno convencional. Así lo lograron el profesor Lahiru Jayakody y la investigadora Sandhya Jayasekara:
- La olla a presión definitiva: Mediante una técnica patentada llamada disolución hidrotérmica oxidativa, el equipo somete el plástico PET y residuos agrícolas a altísima presión, calor y oxígeno para triturar los polímeros en moléculas de carbono digeribles.
- Levaduras cocineras: Cepas modificadas de levadura común devoran estos fragmentos plásticos, sintetizando proteínas esenciales, grasas saludables y nutrientes en biorreactores.
- Toque gourmet molecular: Una cepa produce betacaroteno (vitamina A) a partir del etilenglicol del plástico, mientras que otra genera auténtico aroma de vainilla fermentando biomasa vegetal.
- Extrusión en 3D: La masa microbiana resultante se mezcla con almidón, fibra y edulcorante, pasando por una impresora 3D de alimentos para moldear crujientes galletas doradas.
La gran duda de todos es evidente: ¿sabe a plástico derretido? Según las evaluaciones de aroma, los participantes describieron notas muy agradables a vainilla y frutos secos tostados. Casi todos afirmaron que las comerían encantados en situaciones de supervivencia o emergencia. Las catas formales comenzarán en cuanto los comités de bioética asimilen la idea de comer envases reciclados.
Financiado en parte por el certamen NASA Deep Space Food Challenge, el objetivo prioritario es alimentar a las tripulaciones en misiones plurianuales a la Luna o Marte, donde el reparto a domicilio brilla por su ausencia. En lugar de transportar toneladas de latas, los astronautas podrán alimentar sus biorreactores con embalajes usados y «hornearse» galletas frescas.
🚀 De colonias marcianas al hambre en la Tierra
Con una previsión de aumento de la demanda mundial de alimentos de hasta el 56% para 2050, estas minifactorías biológicas son prometedoras. Como resume Jayakody: «El plástico es carbono y la comida es carbono. Los microbios son increíblemente listos; solo les estamos dando herramientas para limpiar lo que ensuciamos».
La próxima vez que tires una botella de refresco al contenedor amarillo, mídela con respeto: con un toque de ingeniería genética y una impresora 3D, ese plástico podría ser tu postre rumbo al espacio exterior.
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