¡Que conduzca la seta! Ingenieros de Cornell crean robots dirigidos por señales biológicas de hongos
Cuando la ingeniería robótica habla de dotar a las máquinas de inteligencia biológica, solemos pensar en chips neuromórficos o algoritmos titánicos. Sin embargo, un grupo de científicos de la Universidad de Cornell optó por una vía mucho más terrenal: compraron setas de cardo, integraron su red subterránea de micelio en el chasis de varios robots impresos en 3D y le cedieron el volante al reino de los hongos.
El trabajo, publicado en la revista Science Robotics y desarrollado junto a la Universidad de Florencia, presenta los primeros robots biohíbridos fúngicos plenamente operativos. El equipo construyó dos prototipos: un robot blando de cinco extremidades con forma de estrella de mar y un todoterreno con ruedas, ambos maniobrados por las descargas bioeléctricas de una seta.
🍄 Cómo convertir un hongo en chófer robótico
Así es como el micelio vegetal se convierte en piloto automático:
- Microprocesador viviente: El micelio de la seta de cardo (Pleurotus eryngii) genera potenciales de acción espontáneos muy similares a los pulsos de las neuronas animales.
- Cableado orgánico: Los investigadores imprimieron andamios 3D con microelectrodos donde el hongo creció entrelazándose con la circuitería.
- Traductor digital: Un microcontrolador lee la frecuencia de los picos eléctricos del micelio y los convierte en órdenes mecánicas para los motores.
- Reacción a la luz: Al iluminar el robot con luz ultravioleta, el hongo reacciona emitiendo una ráfaga de pulsos que hace avanzar o girar el vehículo.
¿Por qué recurrir a un hongo en lugar de un microchip convencional? Por su asombrosa resistencia medioambiental. Los experimentos biohíbridos previos con células musculares de mamífero fracasaban porque esas células mueren ante la menor variación térmica o química.
Los hongos, en cambio, son todoterrenos evolutivos: prosperan en la oscuridad, resisten variaciones extremas de temperatura y sobreviven semanas sin apenas cuidados, mientras detectan de manera natural metales pesados o contaminantes en el suelo.
🚗 Conducción autónoma con sabor a setas
«Central, el vehículo de reconocimiento ha cambiado de rumbo. ¿Quién conduce?»
«Una seta que detesta profundamente la luz ultravioleta y ha pisado el acelerador a fondo».
Los investigadores imaginan un futuro en el que enjambres de estos robots monitoreen campos agrícolas para medir la química del suelo y, una vez agotada su vida útil, se degraden limpiamente convirtiéndose en abono orgánico.
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