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Plastilina prehistórica: huellas de 15.000 años revelan que niños de la Edad de Piedra inventaron la joyería antes que la cerámica

2026-10-17Tiempo de lectura: 4 min
Plastilina prehistórica: huellas de 15.000 años revelan que niños de la Edad de Piedra inventaron la joyería antes que la cerámica

Mucho antes de que los seres humanos cultivaran una espiga, levantaran una choza de adobe o cocieran una vasija de barro en el fuego, los niños de la Edad de Piedra ya hacían lo que la infancia siempre ha hecho: embadurnarse las manos de barro rojo y crear llamativos accesorios para presumir con sus amigos.

En un estudio publicado en Science Advances, un equipo internacional liderado por el Dr. Laurent Davin de la Universidad Hebrea de Jerusalén examinó 142 cuentas y colgantes de arcilla sin cocer hallados en yacimientos de la cultura natufiense en Israel (como el-Wad y Nahal Oren). Con una antigüedad estimada entre 15.000 y 11.650 años, estos diminutos adornos conservan un secreto conmovedor: alrededor de 50 huellas dactilares y palmares prehistóricas perfectamente legibles impresas en el barro seco.

🖐️ La policía científica del Pleistoceno

Cómo la ciencia forense desenmascaró a los primeros diseñadores de joyas de arcilla:

  • Densidad de crestas papilares: Al medir el ancho microscópico entre las crestas dérmicas (que se ensanchan a medida que crecemos), los investigadores calcularon la edad exacta de los artesanos.
  • Un taller familiar intergeneracional: Las huellas corresponden a adultos, adolescentes y niños de apenas 10 años, demostrando que fabricar cuentas era una actividad colectiva y festiva junto al fuego.
  • Milenios antes de las ollas de barro: La cerámica utilitaria para cocinar no apareció en la región hasta hace unos 8.000 años. ¡El barro se usó para la joyería miles de años antes que para cocinar!
  • El primer engobe del mundo: Las cuentas se recubrieron con una barbotina de arcilla líquida teñida con ocre rojo brillante, el uso de engobe decorativo más antiguo documentado en la historia humana.

Durante décadas, los manuales de historia describieron a los cazadores-recolectores del Paleolítico tardío como nómadas obsesionados únicamente con no morir de hambre y escapar de depredadores. Se asumía que la arcilla era un invento práctico derivado de la agricultura para almacenar grano o fermentar cerveza.

Los natufienses demolieron por completo ese cliché utilitarista. Aquellos antiguos recolectores descubrieron que la arcilla húmeda se dejaba amasar dócilmente entre las palmas, permitiéndoles recrear formas de semillas silvestres como lentejas, guisantes y trigo escanda. Mientras los adultos perforaban las piezas con perforadores de sílex, los más pequeños amasaban cilindros y esferas, sellando para siempre su firma en el barro fresco antes de secarlo al sol.

🔴 Vistiendo de rojo al clan

Estas cuentas teñidas de ocre no eran meros juguetes, sino profundas declaraciones culturales:

  • Identidad y estatus: Ensartadas en tendones de animales o fibras vegetales, las cuentas rojas permitían lucir pertenencia tribal, parentesco y estilo personal entre valles vecinos.
  • Transmisión intergeneracional: El contraste entre huellas infantiles vacilantes y cuentas impecablemente alisadas evidencia cómo los mayores guiaban a las nuevas generaciones en el amor por el detalle.

Quince milenios después, imperios legendarios han desaparecido en el polvo del desierto. Sin embargo, la huella de un niño de diez años amasando una bolita de arcilla en una tarde soleada sigue viva en la tierra. Resulta que las ganas de mancharse de barro, crear joyas y presumir ante los amigos es, literalmente, más antigua que la civilización.

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