Mascotas mimadas de la prehistoria: Momias de perros sin pelo de hace 1.200 años en Perú comían como reyes

Si alguna vez sentiste remordimientos por gastar de más en galletas gourmet o una cama viscoelástica para tu perro, respira tranquilo: tu devoción se queda corta comparada con la del Imperio Wari. Hace doce siglos en la costa de Perú, los perros sin pelo vivían como pequeños aristócratas, comiendo papilla cocinada y recibiendo sepulturas con maquillaje sagrado de cinabrio.
En un fascinante estudio publicado en el Journal of Anthropological Archaeology, un equipo de arqueólogos del Dartmouth College y la Universidad de Varsovia analizó restos óseos recuperados en el Castillo de Huarmey, un complejo ceremonial y administrativo de la cultura Wari (apogeo entre 600 y 1050 d.C.). Lo que hallaron confirma que el amor incondicional por las mascotas tiene raíces milenarias.
🐕 Momias con piel y orejas intactas
Gracias a la sequedad extrema del desierto costero peruano, varios especímenes caninos se momificaron de manera natural en un estado excepcional:
- Preservación asombrosa: Se desenterró el cuerpo completo de un perro macho adulto y cráneos de cachorros que aún conservaban parches de piel lisa sin pelo y orejas erectas tras 1.200 años.
- La huella genética dental: El análisis anatómico mostró que a estos animales les faltaban de nacimiento ciertos premolares y molares. En los perros, la alopecia congénita y la falta de dientes están provocadas por la misma mutación genética (gen FOXI3), confirmando que son antepasados directos del perro sin pelo del Perú (Viringo).
- Tumbas de la élite: Lejos de ser arrojados a basurales, fueron inhumados en cámaras funerarias de artesanos de alto rango, como el ilustre "Maestro Cestero".
El cariño hacia estos animales trascendió la muerte. En el cráneo momificado de un cachorro, los científicos hallaron una capa cuidadosamente untada de cinabrio rojo brillante (sulfuro de mercurio). En la sociedad Wari, el cinabrio era un pigmento sagrado y exclusivo destinado a dignatarios de la más alta nobleza. Alguien amaba tanto a ese perrito que le aplicó un maquillaje imperial para acompañarlo al más allá.
El análisis bioquímico de isótopos estables en dientes y colágeno reveló un secreto aún más conmovedor: la dieta diaria de los cachorros.
🥣 Papilla casera de maíz y pescado
En muchas culturas del mundo antiguo, los perros sobrevivían comiendo sobras descompuestas. En Huarmey, la realidad fue muy distinta:
- La misma comida que los niños: Las firmas isotópicas de carbono y nitrógeno de los cachorros coincidían milimétricamente con las de los niños nobles de la élite Wari, basada en maíz cocido y recursos marinos.
- Alimentación adaptada: Dado que los perros sin pelo carecían de dientes masticadores suficientes para procesar huesos o alimentos duros, sus dueños les preparaban papillas suaves y caldos tibios para mantenerlos sanos.
- Miembros de la familia: Los restos demuestran que estos perros no eran meros animales de carga o cacería, sino compañeros queridos que dormían abrigando a sus dueños en las frías noches desérticas.
Los reinos caen y las murallas de barro se desmoronan, pero el deseo humano de consentir a nuestros fieles amigos de cuatro patas no ha cambiado ni un ápice en doce siglos.
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