El burrito me escaneó la cara: demandan a robots de reparto en Illinois por captura biométrica

Son las 23:45. Estás en una acera de Chicago con pantalones de pijama de franela gastados y zapatillas de conejito, esperando ansiosamente tu burrito caliente. Llega una adorable nevera rodante de cuatro ruedas parpadeando amistosamente sus faros. Tecleas el código de desbloqueo, recoges tu paquete de papel aluminio y vuelves adentro. Transacción perfecta, ¿verdad? Según dos demandas colectivas presentadas en el condado de Cook, Illinois, no solo pagaste con dinero: sin saberlo, podrías haber pagado con la geometría biométrica en 3D de tu cara y tus manos.
Las demandas apuntan a dos de las empresas de robots autónomos más famosas de EE. UU.: Coco Robotics y Serve Robotics. Se les acusa de que sus cámaras y sensores LiDAR recopilaron medidas faciales y anatómicas de los clientes de DoorDash y Uber Eats sin consentimiento explícito por escrito.
🌯 Las acusaciones del „Burrito de Troya“
El conflicto se ampara en la temida Ley de Privacidad de la Información Biométrica de Illinois (BIPA):
- Entrega sorpresa no solicitada: Los demandantes Mitchell Breidinger y Barry Schain afirman que nunca seleccionaron entrega por robot en sus aplicaciones; las plataformas los asignaron de oficio.
- El escaneo a corta distancia: Para abrir la escotilla, el usuario debe agacharse a escasos centímetros. La demanda sostiene que los sensores registraron las medidas de sus rostros, cráneos y dedos sin permiso.
- Entrenamiento de IA y terceros: Se alega que los datos se almacenaron vinculados al nombre y domicilio del cliente, y que podrían haberse compartido con terceros (incluyendo menciones a OpenAI) para entrenar visión por computador.
- Multas astronómicas: BIPA estipula multas de 1.000 dólares por negligencia y hasta 5.000 por infracción intencional, lo que podría elevar la cuenta a millones de dólares.
Ambas empresas han rechazado categóricamente las acusaciones, afirmando que se malinterpreta cómo funciona la navegación autónoma. Serve Robotics aseguró que sus cámaras solo sirven para esquivar obstáculos y proteger a los peatones, sin capacidad de crear perfiles biométricos. Coco Robotics calificó la demanda de infundada.
Sin embargo, el caso saca a la luz la incomodidad ciudadana: lo que comenzó como un simpático invento para abaratar propinas empieza a verse como una patrulla rodante de vigilancia que mapea aceras y transeúntes descalzos, digno de un episodio de Black Mirror patrocinado por tacos.
🤖 Batallas por la acera y la privacidad
El descontento ciudadano sigue creciendo en las metrópolis:
- Invasión del espacio peatonal: Vecinos denuncian que los robots obstaculizan sillas de ruedas, carritos de bebé y peatones en aceras estrechas.
- Teleoperadores en la sombra: Aunque se promocionan como autónomos, muchos dependen de operadores remotos que toman el control si el robot se desorienta con una paloma o un cono de tráfico.
- La paradoja del usuario: Desbloqueamos el móvil con la cara a diario, pero que una furgoneta de sushi nos espíe en camisón cruza todos los límites.
La próxima vez que un robot toque a tu puerta en plena noche, péinate un poco y sonríe al LiDAR. El burrito te quitará el hambre, pero tu cara digitalizada podría quedarse en la nube para siempre.
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