El telescopio James Webb pilla a tres agujeros negros supermasivos hacinados en una misma galaxia primigenia

Cualquiera que haya compartido piso en su época universitaria conoce la tensión bélica que se desata cuando tres compañeros hambrientos se disputan el último trozo de pizza en la cocina. Resulta que en el amanecer del cosmos ocurría exactamente lo mismo, salvo que en vez de pizza rancia, los compañeros de piso engullían sistemas estelares enteros.
Mirando más de 12.500 millones de años hacia el pasado, un equipo internacional de astrofísicos liderado por el Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE) y la Universidad de Cambridge apuntó el Telescopio Espacial James Webb (JWST) hacia una galaxia primordial catalogada como J0148-4214 (con un desplazamiento al rojo de z = 5,02). Lo que esperaban encontrar era una galaxia jovencita formándose plácidamente apenas 1.200 millones de años después del Big Bang. En su lugar, hallaron una auténtica batalla campal gravitatoria a tres bandas.
🌌 Proyecto BlackTHUNDER: El banquete estelar más apretado del universo
Publicado bajo el demoledor nombre de proyecto BlackTHUNDER, los datos del espectrógrafo NIRSpec del JWST desvelaron la presencia simultánea de tres agujeros negros supermasivos en plena vorágine devoradora dentro del mismo salón galáctico:
- El casero titánico: Instalado en el núcleo galáctico con una masa colosal de 80 millones de soles, absorbiendo hidrógeno a velocidades de vértigo.
- El vecino incómodo: Orbitando a apenas 620 años luz de distancia —una distancia ridículamente diminuta en escalas astronómicas— se encuentra un segundo agujero negro de 600.000 masas solares, engullendo vorazmente las sobras del primero. Ambos están encerrados en una espiral de muerte y destinados a fusionarse.
- El desterrado de las afueras: A unos 5.500 años luz del centro vaga un tercer titán de 2 millones de masas solares, probablemente expulsado hacia la periferia por un tirón gravitatorio de tres cuerpos o arrastrado tras la colisión de una galaxia enana.
- Huellas de emisión H-alfa: Las mediciones de efecto Doppler captaron gas ionizado girando a velocidades de huracán alrededor de tres discos de acreción independientes, confirmando que los tres están dándose un atracón simultáneo.
Durante décadas, los cosmólogos se han devanado los sesos con la paradoja de los «monstruos imposibles»: ¿cómo pudieron formarse agujeros negros gigantescos de millones o miles de millones de masas solares cuando el universo apenas acababa de despertar? Los modelos clásicos de crecimiento lento y educado simplemente no cuadraban con los tiempos.
La galaxia J0148-4214 aporta la prueba definitiva: las galaxias primitivas no eran restaurantes tranquilos, sino festivales de rock caóticos donde las galaxias colisionaban sin descanso, arrojando sus agujeros negros al mismo caldero gravitatorio para alimentarse a lo bestia y fusionarse directamente.
🔭 Ondas gravitacionales y la colisión definitiva
Cuando los dos agujeros negros centrales de J0148-4214 se fusionen finalmente, las ondas gravitacionales que emitirán deformarán el tejido del espaciotiempo con tanta violencia que futuros detectores como LISA de la ESA podrán escuchar el chasquido a través de todo el universo observable.
Como bromeó uno de los investigadores: «La mayoría de galaxias apenas logran controlar a un solo agujero negro supermasivo. Hacinar a tres singularidades hambrientas en una sola galaxia primigenia es como meter a tres gatos famélicos en una caja de cartón y agitarla con la fuerza de la gravedad.»
Así que la próxima vez que sienta que su apartamento se queda pequeño con sus compañeros de piso, consuélese pensando que a 12.500 millones de años luz de distancia, tres gigantescos pozos sin fondo están empujándose los codos para no quedarse sin su ración cósmica.
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